It’s not unusual to arrive at Puerto Vallarta’s Los Mangos Public Library and find director Ricardo Murrieta Grada engrossed in its activities, just as he was when he took over the position seven years ago. A communications major, he thrives on helping students connect with the diverse information sources available there, as well as scheduling a variety of activities for Puerto Vallarta’s population at large, with a pivotal role: to encourage reading. “Hopefully, they’ll realize that this is an ideal place to spend a morning or afternoon,” he remarks.
A Mexico City native, 38-year-old Murrieta has morphed into a jack of all trades, carefully looking after the library in conjunction with his team, despite its meager operating budget. And although he can take pride on the successful completion of a number of projects, such as the many available workshops offered on an ongoing basis, he is quick to acknowledge that there is yet a lot to be done. “I’m quite certain that over half of Puerto Vallarta’s population hasn’t even stepped into the library, notwithstanding it’s convenient location,” he laments. In fact, it’s our city’s foreign community who has eagerly stepped up to the plate with their contributions during tough times.
Murrieta senses a turning point in the library’s evolving momentum taking place within the next couple of years. But on a day-to-day basis, he remains fully committed to this essential space, where he’s thrived both professionally and personally.
Es común llegar a la Biblioteca Los Mangos y ver a su director, Ricardo Murrieta Grada, absorto, disfrutando de su trabajo desde su llegada al puesto hace siete años. El comunicólogo de profesión facilita el trabajo de estudiantes en busca de la información y fomenta el hábito de la lectura entre la población local programando diversas actividades para atraer más público al recinto. “Así se dan cuenta que este es un lugar muy agradable y cómodo para pasar una tarde o mañana.”
Murrieta, originario del Distrito Federal, junto con su equipo de trabajo han aprendido a hacer de todo para mantener el buen fun-cionamiento de la biblioteca pues el presupuesto es insuficiente. Y a pesar de consolidar varios proyectos, la increíble variedad de talleres culturales entre ellos, reconoce que aún hay mucho trabajo por reali-zar. “Estoy casi seguro que la mitad de la población no conoce la biblioteca aún, a pesar de que tenemos buena ubicación en la ciudad.” De hecho, es la comunidad extranjera la que ha mantenido con sus aportaciones a la biblioteca en tiempos difíciles.
Ricardo de 38 años de edad cree que en un par de años dará un giro importante en lo profesional para dar paso a nuevas ideas en la dirección de la biblioteca que tanto adora. Mientras tanto permanece enérgico en el espacio que le abrió las puertas y por cual tuvo que prepararse sobre la marcha para dar lo mejor de sí.
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